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Novena a la Virgen de Candelaria · Día 4 de 9

Luz de las naciones

Texto completo y audio del día cuarto

Escuchar el día 4 completo · Este audio lee el texto de abajo, con pausas para rezar

Si empezaste el 24 de enero, hoy es 27 de enero. Descargar el audio (MP3)

1 · Oración de entrada

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Dulcísimo Jesús, Salvador nuestro! La enormidad y multitud de nuestros pecados debieran alejarnos de Vos, como indignos de parecer en vuestra presencia; pero ¿a dónde hemos de ir que no nos halléis culpables? Vos ciertamente habéis contado todos nuestros pasos y sabéis cuántas son nuestras iniquidades: nada de lo que hay en nuestro corazón puede ocultarse a vuestros divinos ojos; mas por grande que sea nuestra malicia, no puede ser mayor que vuestra misericordia. Vos nos llamáis para que nos convirtamos, y en virtud de este llamamiento, venimos a Vos arrepentidos. Os invocamos llenos de confianza para que nos perdonéis: esperamos en vuestra mirada salvadora, y nuestras almas serán vivificadas. Perdonadnos y reconciliadnos con Vos. Concedednos, que, invocando a María Santísima en el misterio de su Purificación, por su medio consigamos la gracia de nuestra justificación. Amén.

Oración para todos los días

¡Bendita Madre de Jesús, Virgen María, que siendo más pura que la luz, os sujetasteis a una ley que solo podía obligar a las mujeres manchadas! Nosotros os bendecimos cuando dirigís vuestros pasos al templo llevando con Vos al Salvador del mundo. Delante de Dios os presentáis como trono de zafiro en el firmamento angélico, en donde el Sol divino resplandeció; mas delante de los hombres aparecéis como una de tantas mujeres para darnos lecciones de la más profunda humildad. ¡Que en Vos se vio el ornamento de toda hermosura y decoro, el colmo de toda bondad y virtud, la delicia de toda dulzura y suavidad, el tesoro de toda limpieza y puridad y os habéis sujetado a la ley de la purificación! ¡Oh! ¡Cuánto habéis sido agradable a Dios por vuestra humildad, a los ángeles por vuestra virginidad, a los hombres por vuestra fecundidad! ¡Cuán elevada en vuestra humildad! Por tanto, os pedimos que vuestra humildad abata nuestro orgullo; vuestra virginidad refrene nuestras pasiones, vuestra maternidad divina forme en nuestras almas a Jesucristo, para que amándolo en esta vida con todo nuestro corazón, merezcamos gozarlo en el cielo, por vuestro medio, como el único centro de nuestra eterna felicidad. Amén.

A nuestra señora de candelaria

Santísima Señora, Madre de Dios de Candelaria, que por dar al mundo las últimas mayores pruebas de amor, Te apareciste en Tenerife, reinando la gentilidad: yo, aunque por pecador soy como un gentil, guanche, irracional y bárbaro, imploro Tu amparo con la confianza de que sin merecer el nombre de hijo, desempeñarás Tú, como siempre, los oficios de Madre; recibe mis afectos, como admitiste los de los guanches, y acepta mis súplicas, como oíste las de los gentiles, suspendiendo de Dios las justas iras, hasta que raye en mi alma la divina claridad a influjos de Tu radiante Luz. Concédeme y alcánzame lo que Te pido en esta Novena, sobrevistiendo mi desnudez, como buena Madre, con las odoríferas ropas de Tus Virtudes, para que consiguiendo de Tu Divino Hijo la bendición que toca a los primogénitos, excluidos de tanto bien los pecadores, Te alabe perfectamente en estos días, repitiendo con San Gabriel muchas veces Tu angélica salutación, diciendo: «Dios Te salve, María…»

Se rezan tres Avemarías.

♥ Pide ahora a la Virgen de Candelaria la gracia que deseas alcanzar en esta novena.

A continuación, se reza la oración del día.

2 · Día cuarto: Luz de las naciones

«Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»— Lc 2, 32

Reflexión

Según la tradición, mucho antes de que llegaran los conquistadores, unos pastores guanches encontraron la imagen de la Virgen en la playa de Chimisay, en Güímar, y la guardaron con veneración en una cueva. Así se cumplió lo que cantó Simeón: el Niño que ella lleva en brazos es luz para todos los pueblos. La Morenita llegó a Canarias antes que el Evangelio, como una madre que se adelanta a sus hijos.

Oración del día

¡Oh María! El Señor está con Vos, premiando vuestra humildad, coronando vuestra virginidad, exaltando a vuestros devotos y confundiendo a vuestros enemigos. El Niño Jesús va en vuestros brazos, anunciándonos un día feliz, como el lucero de la mañana entre los fulgores del alba. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! Disipad nuestras tinieblas, sanad nuestras enfermedades, ahuyentad a nuestros enemigos y concedednos la entrada en el reino de los cielos. Amén.

3 · Oración de salida

Tres avemarías

Tres Avemarías en la forma siguiente:

Dios te salve, María santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto.

Avemaría.

Del Altísimo en la mente
¡oh Virgen inmaculada!
tu alma existió siempre pura,
hermosísima y sin mancha.

Como a Hija predilecta
te adornó con toda gracia,
para que fueses del cielo
Reina excelsa y soberana.

Por tal gloria y preeminencia
la celeste Sión te alaba,
y te bendice diciendo:
(Todos) ¡Que eres Santa, Santa, Santa!

Dios te salve, María santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto.

Avemaría.

Para Madre de Dios Hijo
ab eterno destinada,
¿qué virtud no te convino?
¿qué decoro no te exalta?

El Verbo eterno del Padre,
el que en tu seno se encarna,
hizo que fueras a un tiempo
Virgen pura, Madre intacta.

¿Y anonadada confiesas
que eres tú de Dios la esclava?
Por tanta humildad decimos:
(Todos) ¡Que eres Santa, Santa, Santa!

Dios te salve, María santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima después del parto.

Avemaría.

El Espíritu divino
que para esposa te llama,
aumenta más y embellece
el ornato de tus gracias.

En tu alma pura y bendita
todos sus dones derrama,
y el trono así del Excelso
amantísima prepara.

¡Oh Reina cándida y pía,
nuestra más dulce esperanza!
Con cuánto gozo decimos:
(Todos) ¡Que eres Santa, Santa, Santa!

Dios te salve, María santísima, Templo y Sagrario de la beatísima Trinidad, Virgen concebida sin pecado original.

Gloria.

Gozos

Pues del Señor tan querida
eres, ¡oh Virgen María!,
sé nuestro amparo en la vida
y en la muerte nuestra guía.

De tus glorias olvidada
y de tu gracia valiosa,
al templo vas, presurosa,
para ser purificada,
y te presentas rendida
ante el Hacedor del día.

Tu concepto fue divino,
tu parto fue inmaculado,
pues ser Madre del increado
fue tu altísimo destino.
A Dios tu alma tan unida,
¿cómo inmunda ser podía?

Toda pura y sin borrón
al presentarte en el templo,
con humildad sin ejemplo
haces nuestra tu expiación.
Muestra, cual flor escondida,
tu fragancia y gallardía.

Pobre don has presentado
en dos palomas sin fausto,
una para el holocausto,
la otra por el pecado.
Así la ley fue cumplida,
aunque no te concernía.

En tus brazos, al Dios niño
con afecto puro y tierno
presentas al Ser Eterno
como un don de tu cariño,
y remedias, condolida,
los males del que gemía.

Y Dios aceptó, propicio,
esta víctima inocente,
para que fuera, clemente,
propiciación por el vicio.
La salud nos fue obtenida
por su gran soberanía.

Eres la pequeña fuente
que en un río se convirtió
y que en luz se transformó
y aun en sol resplandeciente.
Por tu humildad tan crecida,
fuiste Reina excelsa y pía.

Ana y Simeón, conmovidos
de Jesús a la presencia,
con profunda reverencia
a Dios alaban rendidos.
Así terminan su vida
con un cantar de alegría.

Nuestra manchada conciencia
purifica, tierna Madre,
y preséntanos al Padre,
movidos a penitencia.
Sea tu nombre nuestra égida,
nuestra dulce melodía.

Pues del Señor tan querida
eres, ¡oh Virgen María!,
sé nuestro amparo en la vida
y en la muerte nuestra guía.

Oración final

¡Oh María! Vos sois la Madre de Dios y por lo mismo nada resiste a vuestro poder, nada se opone a vuestra fortaleza: a vuestra voz todo se rinde, a vuestro imperio todo obedece, todo sirve a vuestra potestad. Concedednos, por tanto, que para contrarrestar al infierno que en este siglo vomita maldiciones contra Vos y contra vuestro corazón se parte de dolor, al ver ultrajada vuestra bondad y maldecido vuestro honor. Quisiéramos destruir estos agravios, aun a costa de nuestra vida; mas ya que no merecemos gracia tan insigne, queremos, al menos, bendeciros ahora y en todos los instantes de nuestra vida: queremos amar y bendecir a nuestro divino Salvador. Purificad nuestra conciencia por la aplicación de los méritos de Jesús, y dadnos que todas las acciones de nuestra vida sean conformes a la ley de nuestro santísimo Hijo. Amén.

A nuestra patrona

Omnipotente Señor, que, habiendo tomado nuestro ser humano, fuiste presentado en el Templo a Tu Eterno Padre por Tu Santísima Madre, que Te entregó primero a Simeón, que representaba a todo el mundo: haznos el favor de concedernos lo que Te pedimos en esta Novena que consagramos a nuestra Patrona, Señora María de Candelaria. Sea este uno de los grandes continuos milagros, añadiéndose el de purificar nuestros afectos, para que acabando con gracia final la vida, Te besemos a Ti y a Tu Madre los sagrados pies en la gloria. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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