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1 · Oración de entrada
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Oraciones preparatorias para todos los días
Jaculatoria. ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!
Invocación. Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro socorro y reclamado vuestra asistencia haya sido abandonado de Vos. Con esta confianza a Vos corremos, oh Virgen de las vírgenes; y, gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, nos postramos a vuestros pies. Oh Madre del Verbo, no despreciéis nuestras súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
A continuación, se lee la meditación del día.
2 · Día cuarto: Confiemos en María, que puede protegernos
«El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo.»— Lc 1, 49
Meditación
Como los pobres y desvalidos, que buscan remedio a su necesidad, se dirigen a los ricos y poderosos, así nosotros, verdaderos mendigos de Dios, que sólo de limosna esperamos las gracias necesarias para nuestra santificación y salvación, recurrimos a María, celestial dispensadora de los tesoros divinos. Sabemos que por ser la Hija predilecta del Eterno Padre, la Madre Inmaculada de Jesucristo y la amantísima Esposa del Espíritu Santo, le corresponde en el Cielo la más encumbrada gloria; sabemos que se acerca al trono de la divinidad, no como sierva que pide, sino como señora que manda, segura de que su Hijo Santísimo nada le podrá negar; sabemos que Dios ha dividido su imperio, y reservándose para sí propio el ejercicio de la justicia, ha entregado a su Madre la administración de la misericordia; y después de todo esto vemos a nuestra celestial Señora aparecer en la tierra cargada de gracias que se le escapan de las manos.
¿Cómo no confiar en Ella? Oh, sí, diremos con San Bernardo, Vos sois Madre de la misericordia, cuyos insondables abismos abrís, cuando, como y a quien os place, para que nadie tema por muchas que sean sus iniquidades, con tal de que a vuestro valimiento se acoja.
Para rezar hoy
Virgen de la Medalla, que tienes las manos llenas de gracias: derrama sobre mí y sobre los míos la gracia que más necesitamos. Amén.
3 · Oración de salida
♥ Medítese lo dicho y, con entera confianza en la Santísima Virgen, pídase la gracia particular que se desee obtener mediante su intercesión.
Súplicas
Oh Madre del amor hermoso, purísima María, por la manifestación de vuestra santa Medalla, inflamad nuestros corazones en el amor divino, para que insensibles a las cosas terrenas, solo suspiren por las celestiales y eternas.
Avemaría.
Oh refugio de pecadores, poderosísima María, por la manifestación de vuestra santa Medalla, tened piedad de nuestras culpas y miserias y alcanzadnos la gracia de morir antes que pecar.
Avemaría.
Oh puerta del paraíso, dulcísima María, por la manifestación de vuestra santa Medalla, concedednos la perseverancia en el bien, morir santamente y participar de vuestra gloria en los cielos.
Avemaría.
Ofrecimiento
Oh Milagrosa Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, prosternados a vuestras plantas os encomendamos nuestros corazones, nuestros afectos, nuestros intereses, la salud de nuestros cuerpos, la salvación de nuestras almas, la paz de nuestras familias y el bienestar de nuestro pueblo. Velad por nosotros desde los cielos, apartadnos de todo peligro, endulzad nuestros pesares, santificad nuestros trabajos y colmadnos de vuestras gracias y virtudes, oh siempre Virgen y siempre Madre y siempre buena, María.
V. Oh María sin pecado concebida.
R. Rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oración final
Jesús, Dios nuestro, que quisiste esclarecer a tu bienaventurada Madre, la Virgen María, Inmaculada ya desde su origen, con multitud de milagros: concédenos que por la invocación constante de su patrocinio consigamos las eternas alegrías del cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
La versión completa trae un día por página con casillas de «rezado», el recuadro «Mi petición», una pregunta y un propósito cada día, y la versión imprimible con un código QR en cada día. Ver la novena completa